Tendinitis calcificante de hombro

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Tendinitis calcificante de hombro

Introducción

La tendinitis calcificante es un proceso patológico que se origina por el depósito de hidroxiapatita cálcica en los tendones. Se produce casi siempre en el grupo de tendones que estabilizan el hombro, el llamado manguito de los rotadores. Su causa es desconocida, pudiendo ser bilateral o afectar a varios tendones a la vez.

Frecuentemente no da síntomas y, de hecho, se puede presentar hasta en el 20% de los adultos asintomáticos. Sin embargo, en el 50 % de los que los presentan, estos depósitos ocasionan cuadros dolorosos agudos o crónicos que pueden ser muy intensos y muy incapacitantes.

El dolor y la limitación funcional suelen ser continuos, con episodios de exacerbación de las molestias y pueden prolongarse durante meses o años. Se suele presentar en personas entre 30 y 60 años. Dada la edad a la que aparece y sus síntomas, sus repercusiones en la actividad laboral son significativas.

El proceso de curación espontánea consiste en la apertura de las calcificaciones a la bursa subacromial adyacente. Esta apertura produce dolor e impotencia funcional muy intensos y es seguido por la reabsorción de las calcificaciones en la bursa en un proceso doloroso, muy incapacitante y prolongado, que suele durar varios meses.

El tratamiento conservador (antiinflamatorios, infiltración de corticoides, rehabilitación) suele ser poco eficaz. La desaparición de los síntomas de forma duradera requiere la desaparición de las calcificaciones y ese debe ser el objetivo de cualquier tratamiento. La cirugía ha mostrado su eficacia en el tratamiento de esta entidad, pero no esta exenta de complicaciones y requiere de un prolongado periodo de varios meses de incapacidad. Por otra parte, dado que se trata de un proceso autolimitado, el tratamiento debería ser poco cruento y no dejar secuelas ni tener efectos secundarios. Además, debería lograr un alivio de los síntomas a corto plazo y evitar las recidivas, consiguiendo una reincorporación rápida y duradera del paciente a su actividad laboral.

Como alternativa a la cirugía se han propuesto varios tratamientos, entre los que destaca el uso de ondas de choque de alta intensidad. Este tratamiento es bastante eficaz, pero doloroso y requiere un equipamiento específico bastante costoso. Una alternativa sencilla y mucho más barata es la extracción de las calcificaciones mediante su aspiración percutánea o, más bien, mediante su “lavado”.

Técnica

El uso de esta técnica debe reservarse a las tendinitis calcificantes sintomáticas. Las que no dan síntomas ni limitación funcional no requieren tratamiento. Los mejores resultados se obtienen en las calcificaciones grandes y compactas y, especialmente, en las localizadas en el supraespinoso y el infraespinoso.

La técnica consiste en un “lavado” de las calcificaciones utilizando lidocaína (anestésico local) y suero fisiológico. Se infiltrará localmente el tejido subcutáneo con anestésico local para que el paciente no sufra molestias durante el procedimiento, el cual tiene una duración media de 15 minutos.

Antes de comenzar se debe realizar una exploración radiográfica y una ecografía del hombro para identificar las calcificaciones y planificar la mejor vía de acceso. La calcificación debe ser visible en las radiografías y en la ecografía. Estas permiten identificar la existencia de otra patología sincrónica en el hombro, como las roturas tendinosas. Esa patología concomitante puede influir en la evolución clínica del paciente tras el tratamiento y, en ocasiones, deberá ser tratada de forma específica.

La cantidad de calcio extraído de cada paciente es variable En el 25% de los pacientes no se consigue extraer calcio, o tan sólo se obtienen algunos restos pulverulentos mínimos. Esto no está necesariamente asociado a una peor evolución clínica postratamiento.

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Polvo cálcico obtenido tras un tratamiento

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Evolución clínica

Prácticamente todos los pacientes experimentan una mejoría inmediata de sus síntomas, que suele durar, al menos, unos dos meses o ser definitiva. En el 20 % de los casos se hace necesario realizar un segundo tratamiento 6 semanas después del tratamiento inicial por persistencia de una cantidad significativa de calcificaciones. La repetición del tratamiento no influye en el resultado final, y no se observan diferencias significativas en cuanto a la evolución en pacientes tratados una o dos veces.

Al año del tratamiento, el 51% de los pacientes están totalmente asintomáticos, y el 40% más refiere haber experimentado una importante mejoría de sus dolencias. Sólo el 9 % de los pacientes no muestran, subjetivamente, mejoría a largo plazo.

Molestias tras el tratamiento

Los pacientes suelen experimentar molestias en el hombro tratado durante las primeras 24-48 horas tras el tratamiento. Estas molestias pueden ser tratadas con analgésicos orales.

En el 40 % de los pacientes se produce un empeoramiento de los síntomas tras una mejoría inicial que suele manifestarse en forma de dolores nocturnos y no alcanza el grado de las molestias previas al tratamiento. Suele producirse 2 meses después del procedimiento y tiene una duración media de unas 6 semanas, período tras el cual las molestias desaparecen.

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Dr. Eduardo Crespo
eduardo.crespo@icimad.com

El Dr. Eduardo Crespo Vallejo es Licenciado en Medicina y Cirugía en 2004, por la Universidad De Valladolid. Realizó su formación como Especialista en Radiodiagnóstico en el Hospital Clínico San Carlos, con entrenamiento focalizado en Radiología Vascular e Intervencionista (RVI). Obtuvo el grado de Doctor “cum laude “ por la universidad Complutense de Madrid en 2009, la acreditación Europea de Radiología Vascular ( EBIR) en 2010 y la certificación americana por la “Educational Commision of Foreign Medical graduates” (ECFMG) en 2014. Fue Jefe de la sección de RVI en el Hospital Infanta Leonor desde 2009 a 2013, posteriormente se formó en Neurorradiología Intervencionista en el Hospital Clínico de Valladolid y finalmente puso en marcha la sección de RVI del Hospital Príncipe de Asturias desde 2015 a 2017. En la actualidad, es el Jefe Corporativo de Radiología Vascular e Intervencionista de la Fundación Jiménez Díaz, Hospital Rey Juan Carlos, Hospital Infanta Elena y Hospital de Villalba (Hospitales públicos-Grupo Quironsalud). Desde el punto de vista investigador y docente, es autor de más de 10 artículos en revistas científicas nacionales e internacionales. Ha realizado más de 20 presentaciones en congresos Nacionales e Internacionales. Es miembro de las principales Sociedades médicas nacionales e internacionales.

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